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REBECA BOUVIER
Medellin-Colombia
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LAS CICATRICES CONVERTIDAS EN ORO

Hace pocos días, escuchaba a Meryl Streep durante su discurso en la ceremonia de los Globos de Oro, cuando al final de su discurso decía: Toma un corazón roto y conviértelo en arte. Fue entonces que recordé una historia.
La historia de un General que envió a reparar a China uno de sus tazones de té favoritos. Se lo devolvieron reparado, pero a base de grapas de metal, lo que dejaba inservible el tazón. El General buscó artesanos japoneses que dieran con una mejor solución. Fue entonces cuando surgió el Kintusgi, una nueva forma de reparar cerámicas que les daba un valor añadido. Una exquisita técnica japonesa que consiste en reparar objetos dañados con oro. ¡Sí!, con la resina del árbol de la laca y con polvo de oro. Después de que un objeto es sometido a esta técnica se transforma en una auténtica obra de arte. La historia de esta ‘carpintería en oro’ se remonta a finales del siglo XV.
Volviendo a nuestra realidad y a nuestro día a día; utilizando esta historia oriental cargada de sabiduría, he pensado que en muchos momentos de nuestra vida , y más veces de las que creemos, está en nuestras manos hacer cosas maravillosas a partir de nuestras equivocaciones o de una mala experiencia. No sólo aprender de ellas, sino salir fortalecidos, enriquecidos…, como el tazón de té del caballero japonés. Cuántas historias de amor, de amistad…, se ven dañadas y aparentemente rotas, simplemente porque creemos que no tienen solución. O no pedimos perdón.
Cuántas veces dejamos de intentar un nuevo propósito; de ir en busca de un sueño, de reconquistar a una persona a la que amamos, sólo porque nuestra mente ha decidido creer en la derrota y en la imposibilidad de encontrar un elemento que pueda transformar algo roto en una obra de arte. Cómo si no, seríamos capaces de recomponer cada equivocación, cada tropiezo, cada error… Si no fuera porque existe ese milagroso elemento cuya textura, densidad y color, convierten esos pedazos sueltos, cargados de desilusiones y fracasos, de tristezas y decepciones, en una pieza única, fortalecida, más hermosa y con una presencia inconmensurable. ¿Qué necesitamos para comprender que cada relación que cruza nuestra vida es, en sí misma, una preciosa e imperfecta obra de arte?
Cómo comprender al fin que las personas únicas e irrepetibles se reinventan cada día de su vida, con todos los miedos y errores del mundo. Que las personas espléndidas saben que llevan la felicidad dentro y dejan su luz y su generosidad a cada uno de los que cruzan su camino, porque han aprendido que el tiempo no cura nada, que es uno mismo quien decide que nuestra vida siempre merece una nueva oportunidad, y que las cosas buenas pasan a quienes van a por ellas.
Todo aquello que aparece en nuestra vida, trae consigo un espléndido aprendizaje. Y que cuanto antes lo aprendamos, antes nos llevará a estar un pasito más cerca de aquello que anhelamos ser. No todo aquel que atraviesa nuestra vida lleva consigo la lección más hermosa del mundo. Pero, tal vez, sí la más enriquecedora…
Sencillamente, trae en sus bolsillos “algo” para nosotros. Y ahí está el verdadero aprendizaje. En ese pequeño milagro que transforma los hechos y las palabras de los demás en luces fugaces que nos ayudan a iluminar nuestras propias sombras. De cada experiencia que nos empapa el alma, nace nuestro mejor y más exquisito maestro. Y con él, viajamos entre bosques y desiertos. Entre la gloria y la derrota. Entre la esperanza y la desdicha. Entre nuestros ángeles y nuestros demonios. Entre amores y desamores. Porque, en este viaje, nadie puede recorrer por nosotros un solo centímetro de la piel que recubre esta carretera.
Podemos decidir no volver a beber té en esa fantástica taza porque podía romperse. De hacerlo, renunciaríamos a dos placeres: beber el té en nuestra taza preferida y descubrir lo que los artesanos japoneses eran capaces de hacer con una simple taza. No se trata de que intentemos arreglar cada relación o situación si creemos, profundamente, que hemos dado lo mejor de nosotros mismos y es momento de hacer un punto y final. Se trata de dejar que el ego, la soberbia, la prepotencia y el orgullo, ganen una guerra frente al amor, la amistad y con ello la espléndida oportunidad de compartir nuestro camino, al lado de personas maravillosas. Una vez leí que lo que define a una persona no es lo que tiene o lo que es, sino como se levanta después de caer. Y quizá, cada vez que nos equivocamos y reconocemos nuestro error frente a nosotros mismos y ante los demás, estamos comprobando que levantarnos con valentía y humildad nos permite pegar de nuevo esa taza de té. Y de esa forma, seguir creciendo y disfrutando de una nueva oportunidad de ser feliz.

 
 
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18/01/2017




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